Biografía

Formación y carrera académica

Rafael Altamira y Crevea nace en 1866 en Alicante, ciudad en la que cursa el bachillerato. En julio de 1882, se traslada a la Universidad de Valencia donde estudia Derecho y establece una gran amistad con Blasco Ibáñez y el catedrático institucionista Eduardo Soler, que le pone en contacto con don Francisco Giner de los Ríos, Bartolomé Cossío y Joaquín Costa. En esa época juvenil, da rienda suelta a sus aficiones literarias de corte naturalista y escribe Cuentos de Levante y Cuadros levantinos: cuentos de amor y tristeza.

Rafael Altamira y Giner de los Ríos subiendo por las sierras de Guadarrama (Madrid)

En 1886, viaja a Madrid para realizar su Doctorado, que culmina con su tesis Historia de la Propiedad Comunal, dirigida por Gumersindo de Azcárate. En 1888, Nicolás Salmerón le ofrece la posibilidad de formar parte de la redacción de La Justicia, periódico del Partido Republicano Centralista que posteriormente pasará a dirigir. Firma sus artículos como Ángel Guerra. En esos años, la Institución Libre de Enseñanza marcará para siempre sus ideas, sus preocupaciones educativas y su actitud ética. En Madrid trabaja como secretario en el Museo de Instrucción Primaria (más adelante Museo Pedagógico Nacional) y asume además la dirección del Boletín de la Institución Libre de Enseñanza.

Al tiempo, trabaja como abogado en el bufete de Nicolás Salmerón. En 1891, publica La enseñanza de la historia. En marzo de 1895, crea y codirige con Luis Ruiz Contreras la Revista Crítica de Historia y Literatura Españolas. A partir de diciembre de ese mismo año, bajo el nombre de Revista crítica de historia, Literatura Españolas, Portuguesas y Americanas, la responsabilidad de la dirección recae únicamente en Rafael Altamira, que la mantendrá hasta 1898. En 1897, gana la Cátedra de Historia del Derecho en la Universidad de Oviedo, integrándose en un claustro en el que figuraban, además de Clarín, conocidos discípulos de Giner de los Ríos –Adolfo Álvarez Buylla, Adolfo González Posada, Aniceto Sela-, hombres empeñados en llevar a cabo la necesaria renovación de la enseñanza universitaria y de la sociedad española. En 1898 creó, junto con otros catedráticos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo, la Extensión Universitaria como área definida de la universidad con el propósito de difundir los conocimientos generados en esta institución a través de conferencias, cursos y otras actividades a aquellas clases sociales que no podían acceder a ellos, siguiendo el ejemplo de varias universidades inglesas que ya se había extendido a otros países europeos como Alemania y Bélgica. Tras el desastre del 98, imbuido por el espíritu regeneracionista, contribuye a disipar el pesimismo español con su Psicología del pueblo español y especialmente con su más importante obra, la Historia de España y de la civilización española.

Viaje por Hispanoamérica

Con motivo del III Centenario de la Universidad de Oviedo, el claustro de profesores decide hacer efectiva su presencia en la vida cultural americana a través de un viaje de buena voluntad que restituyese los lazos entre España y el continente americano, rotos tras la pérdida de la últimas colonias. Resulta elegido por unanimidad para este viaje el joven profesor Altamira. El viaje se desarrolla entre junio de 1909 y marzo de 1910. Durante esos nueve meses visita Argentina, Uruguay, Chile, Perú, México, USA y Cuba impartiendo con gran éxito unas 300 conferencias en universidades y centros culturales de estas nuevas repúblicas. Todo su periplo será recogido en el libro de documentos Mi viaje a América. En 1909, es nombrado Doctor honoris causa por las Universidades de la Plata, Santiago de Chile y de Lima. En 1911, será nombrado Doctor honoris causa por la Universidad de México.

Rafael Altamira en México

Vuelta a España

A su regreso, Altamira fue nombrado Inspector General de Enseñanza y poco después Director General de Enseñanza Primaria, organismo creado en el 1 de enero de 1911 sin vinculación política alguna. Desde este cargo, Altamira mejoró la situación económica y profesional de los maestros, renovó la Inspección Técnica, a la que dotó de un Cuerpo Femenino inexistente hasta ese momento, propugnó la Escuela Graduada, reformó los estudios de Magisterio y se preocupó especialmente de las instalaciones materiales de las escuelas y de su dotación bibliográfica. Igualmente, intentó introducir métodos de enseñanza novedosos como la Escuela-Jardín y la Escuela al aire libre. En 1913, presenta su renuncia al cargo debido a presiones políticas.

En 1914, es nombrado profesor del Instituto Diplomático y Consular, antecedente de la actual Escuela Diplomática. Ese mismo año, obtiene por concurso la cátedra de Historia de las Instituciones Políticas y Civiles de América en la Universidad Central de Madrid, creada como materia exclusiva de doctorado en las Facultades de Derecho y Filosofía y Letras, con especial atención a los temas americanistas. Altamira la ejerció hasta su jubilación en 1936 y la dotó de una buena biblioteca nutrida en gran parte por sus propias donaciones bibliográficas. Declarado aliadófilo, en la Primera Guerra Mundial publica La guerra actual y la opinión española. En 1916, es nombrado Senador por la Universidad de Valencia en la lista del Partido Liberal dirigido por el Conde de Romanones. Ese año, viaja a París con la Misión Española de Intelectuales solidarios con Francia compuesta por el Duque de Alba, Menéndez Pidal, Miguel Blay, Odón de Buen, Américo Castro, Manuel Azaña, etc.

El duque de Alba, Rafael Altamira y Manuel Azaña en la catedral de Reims (1916)

En 1919, es nombrado árbitro en el Tribunal de Litigios Mineros de París para solucionar las disputas de los países europeos sobre las minas de Marruecos. En 1920, es elegido miembro de la Comisión de Juristas encargada por el Consejo de la Sociedad de las Naciones de redactar el anteproyecto del Tribunal de Justicia Internacional . En 1921, es nombrado uno de los nueve jueces titulares del mismo, cargo que ocupa desde 1921 hasta 1940, año en el que el Tribunal se ve obligado a suspender sus funciones.

Rafael Altamira con el resto de jueces del Tribunal Internacional de Justicia de la Haya

Pese a su intensa actividad internacional durante estos años, no abandona su cátedra de Madrid, imparte sus clases y continúa sus publicaciones, especialmente sobre Derecho Internacional y pacifismo. En 1922, se le nombra académico de la Real Academia de la Historia. En 1923, es nombrado catedrático del Colegio de Francia en París. En 1924, es nombrado Doctor honoris causa por la Universidad de Burdeos y en 1928 por la Universidad de París. En 1929, imparte en la Universidad de La Sorbona varias clases sobre Historia del Pensamiento Español.

En 1929, empezó a preparar la edición de sus Obras completas en las que se incluían, además de las ya citadas, su Historia de la civilización española, el Epítome de historia de España, Cuestiones modernas de historia, De historia y arte, Cuestiones obreras, Giner educador, Ideario político, etc. La guerra y el exilio le impidieron realizar el proyecto. En 1930, es nombrado Doctor honoris causa por la Universidad de Cambridge. En 1931, es elegido Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid. Fue propuesto para el Premio Nobel de la Paz en 1933 a raíz de sus esfuerzos por evitar el belicismo. La propuesta fue firmada por gran cantidad de intelectuales españoles y europeos. En 1935, es nombrado presidente de la Casa de Valencia en Madrid. En 1937, la Universidad de Columbia (Nueva York) lo nombra Doctor honoris causa.

Exilio en México

Al estallar la Guerra Civil Española en 1936, Altamira parte para Holanda, donde continúa con su trabajo de Juez Permanente del Tribunal de La Haya. Sin embargo, la invasión nazi de Holanda en 1940 le obliga a refugiarse en la ciudad de Bayona (Francia). Allí permanecerá hasta 1944, año en el que tiene que salir de Francia, de nuevo por causa del avance alemán.

Rafael Altamira con su mujer y su hija Nela, en su casa de Bayona (Francia)

Tras una breve estancia en Portugal, en la que colabora con la Universidad de Coimbra, es invitado por la Fundación Carnegie a dar un curso en la Universidad de Columbia (Nueva York). Un accidente fortuito durante el viaje le fuerza a cambiar de destino y se instala definitivamente en México DF, donde estaban exiliadas sus dos hijas, Pilar y Nela. A pesar de su avanzada edad, dicta cursos en El Colegio de México y en la Universidad Nacional Autónoma de México y participa en actividades del exilio republicano. En México, completa trabajos ya iniciados años antes, como el Diccionario castellano de palabras jurídicas y técnicas tomadas de la legislación indiana y su estado y su Análisis de la recopilación de las Leyes de Indias de 1680. Allí también el Instituto Panamericano de Geografía e Historia le otorga en 1947 su I Premio de Historia de América. En 1951, es propuesto nuevamente para el Premio Nobel de la Paz, honor que no llegó a alcanzar. Fallece el 1 de junio de ese mismo año en la ciudad de México.

Labor

Fue uno de los primeros historiadores que impulsaron la historiografía en España, partiendo de su relación con la cultura y la historia de las ideas. Aunque impulsó y apoyó siempre a la Institución Libre de Enseñanza y las ideas del institucionismo, en la que trabajó como docente, mantuvo siempre independencia de criterio respecto al Krausismo, en una orientación ideológica liberal-progresista. Promovió la educación popular y propugnó una pedagogía con fuerte sentido moral. En 1898 creó, junto con otros catedráticos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo, la Extensión Universitaria como área definida de la universidad con el propósito de difundir los conocimientos generados en esta institución a través de conferencias, cursos, y otras actividades a aquellas clases sociales que no podían acceder a ellos, siguiendo el ejemplo de varias universidades inglesas que ya se había extendido a otros países europeos como Alemania y Bélgica. No contento con ello, dio ejemplo impartiendo cursos y conferencias en numerosas universidades españolas y extranjeras (Argentina, Perú, EE.UU., Francia, Inglaterra, etc.).

Su obra se inscribe igualmente dentro del Regeneracionismo como continuadora de la de Joaquín Costa y bajo una gran influencia del evolucionismo y un gran interés por la ciencia experimental. Cultivó asiduamente el periodismo y la crítica literaria y dejó escritos numerosos libros, entre ellos sus Cuentos de amor y tristeza, Cuentos de Levante o su novela Reposo. Hay que destacar su célebre Historia de España y de la civilización española, así como la Psicología del pueblo español y la Historia del Derecho español.

RECONOCIMIENTOS

Condecoraciones recibidas a lo largo de su vida

  • Gran Cruz de Caballero de la Orden de la Corona de Italia (1904)
  • Medalla de Oro de la ciudad de Lima (1909)
  • Medalla de Plata de la Hispanic Society of America (1909)
  • Gran Cruz de la Orden de Alfonso XII  (1910)
  • Medalla de la ciudad de Zaragoza (1911)
  • Medalla de la Universidad de París (1913)
  • Cruz de Oficial de la Orden Nacional de la Legión de Honor de Francia (1913)
  • Gran Cruz de la Orden de Leopoldo II de Bélgica (1920)
  • Gran Cruz de la Orden del Mérito Militar Naval​ (1923)
  • Orden del León Blanco de Checoslovaquia (1931)
  • Medalla de la Lengua Francesa (1933)
  • Medalla de Oro de la ciudad de Alicante (1934)
  • Medalla de Oro de la provincia de Alicante (1987)

Títulos de Hijo Adoptivo o Hijo Predilecto

  • Hijo adoptivo de San Juan de Alicante (1909)
  • Hijo adoptivo de Oviedo (1909)
  • Hijo predilecto de Alicante (1909)
  • Hijo adoptivo de El Campello (1910)
  • Hijo adoptivo de San Vicente del Raspeig (1910)
  • Hijo adoptivo de Elche (1910)
  • Hijo adoptivo de Villafranqueza (1910)

Doctorados Honoris Causa

  • Universidad de La Plata (Argentina, 1909)
  • Universidad de Santiago de Chile (1909)
  • Universidad de San Marcos de Lima (Perú, 1909)
  • Universidad Nacional de México (México, 1911)
  • Universidad de Burdeos (Francia, 1924)
  • Universidad de La Sorbona de París (Francia, 1928)
  • Universidad de Cambridge (Reino Unido, 1930)
  • Centro de Cultura Valenciana (actual Real Acadèmia de Cultura Valenciana) (1930)
  • Universidad de Columbia (Estados Unidos, 1936)

Cargos académicos

  • Miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia (1894)
  • Miembro correspondiente de la Sociedad Geográfica de Lisboa (1895)
  • Miembro correspondiente del Instituto de Coimbra (1898)
  • Miembro correspondiente de la Sociedad Histórica de Massachusets (1908)
  • Miembro honorario de la Academia Central Mexicana de Jurisprudencia y Legislación (1910)
  • Miembro numerario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (1912)
  • Miembro numerario de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación (1913)
  • Miembro del Instituto Internacional de Sociología de París (1915)
  • Miembro correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (1922)
  • Miembro numerario de la Real Academia de la Historia (1922)
  • Miembro de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional (1930)
  • Miembro correspondiente de la  Academia Checa de Ciencias, Letras y Arte (1935)

Nominaciones al Premio Nóbel

  • 1908 – Nominado al Premio Nobel de la Paz por Fermín Canella y Secades (Rector de la Universidad de Oviedo)
  • 1909 – Nominado al Premio Nóbel de la Paz por Fermín Canella y Secades (Rector de la Universidad de Oviedo)
  • 1911 – Nominado al Premio Nóbel de Literatura por Fermín Canella y Secades (Rector de la Universidad de Oviedo)
  • 1912 – Nominado al Premio Nóbel de Literatura por Fermín Canella y Secades (Rector de la Universidad de Oviedo)
  • 1933 – Nominado al Premio Nóbel de la Paz por Michel Lhéritier (profesor de Historia de la Universidad de París)
  • 1951 –  Nominado al Premio Nóbel de la Paz por Isidro Fabela (Juez del Tribunal Permanente de Justicia Internacional de La Haya)

El proyecto último de Altamira era conseguir la convivencia de pueblos a través de una educación que fomentara el entendimiento, la curiosidad y la educación para la paz y capaz de profundizar en una sociedad abierta, participativa y solidaria.

«La Universidad debe trabajar por la paz –escribía Altamira-, debe como representante de las más altas cualidades del espíritu, a la vez que afirmar el sentido racional de la lucha por el derecho, que proclamó Ihering, tratar de suprimir de las relaciones internacionales el sello de barbarie y de rapacidad que aún tiene hoy»